MOISÉS, SU INFANCIA Y ADOLESCENCIA

Procedencia familiar

Los designios de Dios son grandes. Ahueyalulco, Puebla, lugar tranquilo donde se respira una profunda paz, da el punto de partida a la genealogía del padre Moisés Lira Serafín, Misionero del Espíritu Santo y fundador de las Misioneras de la Caridad de María Inmaculada, pues aquí en Ahueyalulco vivieron sus abuelos paternos Anselmo Lira y Cresencia Batalla, quienes en su matrimonio tuvieron seis hijos: Cándido, Pedro, Tomás, Pascual, Petra y Dolores.

Pedro, el segundo de la familia, fue el padre de Moisés. A los 20 años el día 10 de julio de 1879, se casó eclesiásticamente en la Parroquia de San Pedro Zacatlán, municipio de Puebla, con Juliana Serafín Salas originaria de Tlatempa, barrio de Zacatlán. Juliana era una jovencita de 15 años, hija de Ventura Serafín y de Soledad Salas, quien ya había muerto. Apadrinaron a esta feliz y formal pareja los señores Benito Juárez y Petra Cruz, uniéndoles con la gracia del sacramento ante el presbítero José de la Luz Barrios. Para los esposos, Pedro y Juliana no fue necesario el contrato civil, por las leyes de la Reforma, que apenas comenzaban a aplicarse. El sacramento del matrimonio por la Iglesia para ellos tenía todo su valor, por ser miembros de familias profundamente cristianas, de una fe viva y arraigada. Dios bendijo su matrimonio también con seis hijos: Jovita, Hermelinda, Miguel, Benjamín, Lidia y Moisés.

La familia de los Lira Serafín era sencilla y de buenas costumbres. Pedro, el padre de Moisés, trabajaba como profesor, pero también tenía sus tierras y vigilaba su cultivo. Su esposa se ocupaba del cuidado de los hijos y de la casa; en Tlatempa, todo era vida y felicidad en su hogar, los grandes disfrutaban más estos momentos al convivir con sus parientes y los niños como Moisés, por el juego y la experiencia de los primeros años escolares.

Lugar de origen

Zacatlán de las Manzanas, pertenece al Estado de Puebla de la República Mexicana. Su historia data desde el año de 1786, se encuentra en una zona de 512 kilómetros al norte del Estado, distando de la ciudad capital 105 kms.; a mediados del siglo XIX figuró como cabecera municipal, ahora es uno más de los municipios de Puebla.  

En los campos se aprecian sus llanuras, su serranía y sus huertas perfumadas con árboles frutales, en especial manzanos. Las casas de quienes aquí habitan tienen un tono que invita a la alegría por sus techos de teja roja o azul. Cabe destacar también las numerosas y grandes cruces que ostentan las casas, demostrando con esto los fieles cristianos su fe ardiente, sincera y convencida. Al pasear por Zacatlán se pueden observar las calles asfaltadas, el Kiosko, el Palacio Municipal que ahora es sólo un vestigio de lo que fue en el pasado, los dos templos: la Parroquia y el Templo del Convento de los Franciscanos, que tiene casi enfrente una escuela que en tiempos del Virreinato de la Nueva España fue la Escuela Real, más tarde después de la independencia de México recibió el nombre de La Divina Providencia. Esta llegó a ser la primera escuela en todo el Departamento de Puebla y la segunda en la República Mexicana, siendo inaugurada el 12 de mayo de 1845. Aquí fue donde por primera vez Pedro Lira, el padre de Moisés, prestó sus servicios como Profesor. Como bellas joyas y que son el orgullo de este pueblo, se pueden mencionar: la campana mayor y el reloj público. En la actualidad el pueblo de Zacatlán cuenta con una prestigiada fábrica de relojes centenario.

La semilla de la religión cristiana que los frailes franciscanos trajeron a la Patria cayó en buena tierra y produjo abundantes frutos; como prueba de ello tenemos a los habitantes de Zacatlán, quienes son personas de una fe muy profunda.

Durante la Independencia de México los Zacatecos se distinguieron, no sólo por su fe, sino también por su adhesión a la causa de la libertad, promoviendo siempre por iniciativa propia y con entusiasta participación esta lucha, regando con su sangre los campos de batalla en defensa de los principios de la libertad y de la fe.   

Tlatempa, es un barrio de Zacatlán muy pintoresco y agradable por su vegetación exhuberante, su tierra roja y su cielo azul. Las aguas del río que pasa por la barranca, permite a sus habitantes el cultivo de la tierra, principalmente de árboles frutales. Así como en Zacatlán, aquí también las casas exhiben sus cruces para ahuyentar al enemigo. Quienes han vivido y viven en Tlatempa se distinguen por su sencillez, su espíritu de gran fortaleza y por una voluntad muy firme.  

Un hijo más en la familia

Quiso Dios que en ese ambiente de Tlatempa sencillo y modesto, naciera Moisés un día 16 de septiembre de 1893, cuando el sol está por ocultarse a las 5:00 de la tarde.  

Sus padres Pedro y Juliana, personas profundamente cristianas, sólo tardaron tres días para que su hijo Moisés recibiera el bautismo, por lo que el día 18 del mismo mes y año fue bautizado en la parroquia de San Pedro, Zacatlán, por el señor cura Francisco Téllez. Su confirmación se realizó en el mes de agosto de 1895 en la citada parroquia de manos del Obispo de Puebla, Melitón Vargas, ya que era costumbre de los padres de Moisés, que sus hijos recibieran estos sacramentos lo más pronto posible. 

La infancia de Moisés fue dura e itinerante debido a que desde muy pequeño (a los cinco años), perdió a su madre el 14 de septiembre de 1898, quedando al cuidado de su padre y de sus hermanas mayores. Hermelinda sustituyó a la madre en lo que pudo, sobre todo enseñándolo a rezar. El mismo Moisés ya de sacerdote comentaba: 

Una vez que mis hermanas me llevaron a la parroquia a misa, recé un Padrenuestro con mucho fervor y confianza. Mi oración fue recompensada, pues yo relaciono el hecho de haber cogido tan fácilmente un conejito que vi en el campo cuando llevé a pastar una chivita que me regaló mi padre. ¡Me sentía tan contento en esa paz inalterable del campo!… 

¿Aprendería ya desde entonces Moisés a contemplar a Dios como Padre?. Sin duda alguna que sí por experimentar en su papá, su tierna y amorosa imagen.

La vida itinerante de Moisés comienza en el año de 1900, cuando el señor cura Francisco Javier Hernández recibió su cambio para Amozoc y se llevó consigo a Pedro el hombre de sus confianzas, para que se hiciera cargo de la Escuela Parroquial, ya que siempre procuró llamarlo a donde lo destinaban como párroco. En esta ocasión Pedro, dejó Zacatlán para ir con el señor cura, llevando con él a Moisés y a Hermelinda; a Benjamín y a Miguel los internó en un colegio de Puebla, y Lidia se quedó en Tlatempa con Jovita que ya se había casado.

 Moisés para entonces ya había cumplido siete años e ingresó a la escuela que dirigía su padre y empezó a ir al catecismo para prepararse a la primera comunión. El mismo Moisés relata: 

Hice mi primera comunión en la parroquia de Amozoc yo solo, por no haberla hecho con mis compañeros del grupo de catecismo, pues interrumpí el ayuno eucarístico. 

Con esto se ve cómo Dios Padre bueno, expresa su amor de predilección por Moisés, al reservarlo para que su primer encuentro con Jesús fuera a solas con El.  

Ante la necesidad de ser alguien y de hacer algo en la vida, se aguza el genio, por eso a Moisés le llegó la inquietud de ser panadero, porque le gustaba el pan; fogonero, porque observaba que el hombre que atizaba la máquina hacía que se moviera el tren; carretero, porque quería dirigir y guiar. Ya desde esta edad su piedad era notoria; muy temprano se le veía acolitar la misa y comulgar diariamente con gran fervor. Moisés era un niño como todos, le gustaba el juego, fue travieso, algunas veces hizo llorar y también él lloró, porque aunque su padre lo quería mucho también lo corregía con energía.

En 1905, encontramos a Moisés con su padre y el señor cura Francisco Javier en Tlatauquitepec, de donde regresaron de nuevo a Zacatlán y de ahí pasaron a Huejotzingo en 1906, lugar en el que permanecieron hasta fines de 1908.

Matices relevantes de su adolescencia

Moisés en Huejotzingo se desarrolló en su adolescencia, que tuvo matices relevantes que le marcaron caminos y le dejaron huellas. En esta etapa difícil y normal de todo adolescente, Moisés sintió la separación de su padre, al dejarlo solo viviendo en el curato, por haberse casado nuevamente. Así tenemos que, además de estudiar y cumplir con sus obligaciones rutinarias como la de acolitar la misa, también tenía que regar las macetas del curato y por Mno hacerlo en una ocasión fue amonestado por el señor cura, causando esto en él disgusto y optó por salirse del curato. Al enterarse de lo sucedido la madre Victoria Ortega, religiosa Josefina que, prestaba sus servicios como directora en el Colegio de Niñas y que admiraba a Moisés por su piedad, su amor a la eucaristía y su celo apostólico, lo llamó para aconsejarlo. Después de este incidente y de haber sido reprendido por la madre Victoria, Moisés tomó la firme resolución de no hacer jamás una cosa de importancia sin pensar, orar y consultar. Desde chiquillo tomé esa resolución y la he cumplido. 

Sin embargo no todo era negro para Moisés en aquel tiempo, la madre Victoria se interesó grandemente por su porvenir, ya que descubría en él dotes especiales; sobre todo una inteligencia despierta, sencillez, ingenuidad y candor. Todo esto daba indicios de una vocación sacerdotal y trató de cultivársela preguntándole si quería ser sacerdote, a lo que respondió afirmativamente; aunque le expuso el obstáculo del factor económico, al considerar que su padre no podría sostenerle sus estudios en el Seminario.

De esta conversación se inició la comunicación de la madre Victoria con la señorita Petra Munive acerca de Moisés. Ella era una persona sumamente piadosa y muy caritativa, su apostolado fue el de sostener a las vocaciones sacerdotales en el Seminario, hasta su ordenación. La señorita Petra aceptó ayudar a Moisés como a un hijo de familia, por lo que le pidió que viviera en su casa y de inmediato lo inscribió en el colegio San Juan Bautista de la Salle en Puebla, para que continuara sus estudios. Para esto fue necesario que el padre de Moisés, con la generosidad de las almas sencillas se sacrificara y dejara a su hijo en manos de Petra Munive para que éste realizara su vocación, por lo que se despidió de él para siempre, pues murió años después sin volverse a ver con Moisés.

Cf. María Carmen Contreras, Un camino hacia el Padre, Biografía.

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